Después de un cierre del ciclo escolar de manera virtual y un periodo vacacional en medio del aislamiento preventivo por la pandemia, se han desarrollado las primeras semanas de clases del nuevo ciclo escolar de manera remota a través de contenidos educativos por televisión y dinámicas complementarias de las escuelas públicas y privadas de los más de 30 millones de estudiantes en México. La adaptación de alumnos, padres y maestros a la nueva normalidad educativa puede resultar en estrés, ansiedad, frustración y conflictos, que, de no canalizarse adecuadamente, resultan en violencia física o psicológica, y un obstáculo que limita y contamina el éxito de cada involucrado en el proceso. 

“Entre los principales cambios en este nuevo contexto, está el impacto social para los alumnos, que se enfrentan a la falta de socialización, al no escuchar la campana que anuncia el descanso, a renunciar a la cascarita o al cotilleo del recreo”, asegura Paola Rubio, psicopedagoga y especialista en inteligencia emocional. Por otro lado, las mamás y papás adquieren un rol de “prefectos”, para verificar que los niños estén a tiempo en sus clases, que no se distraigan y, por supuesto, sin dejar de lado el cuidado y atención a sus necesidades alimenticias y de aseo. 

Adicionalmente, asumen dos papeles más: asesores educativos, tratando de entender lo que se explicó en clase para coordinar que los niños hagan las tareas correctamente; como soporte técnico, asegurar que la televisión esté lista para las clases, checar que el internet funcione, destrabando los programas de videoconferencia por el que se transmiten las clases, corrigiendo audio, video, iluminación y demás detalles técnicos novedosos para millones de padres de familia.

Un tercer factor por considerar es el de los papás y mamás con hijos en edad escolar, que combinan las actividades laborales con supervisión y asesoría de los alumnos. En el mejor y el menor de los casos la economía de la familia alcanza para que cada miembro tenga una computadora o dispositivo para su uso exclusivo, pero los datos del INEGI indican que un 48% de la población mexicana (34 millones de personas) no tiene computadora ni acceso a Internet en su casa, lo que ha representado que el 45% de los estudiantes de educación básica perdieran contacto con el programa educativo, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Otros participantes de suma importancia en esta dinámica son los profesores, que están enfrentándose a salir del salón de clases, del ámbito del pizarrón, de la interacción que facilita saber quién se está distrayendo, quien está poniendo atención, quien tiene cara de confusión.

Para ayudar a reducir el riesgo de conflictos emocionales y situaciones de convivencia negativas, Paola Rubio, psicopedagoga y especialista en inteligencia emocional comparte estas recomendaciones que harán más provechosa, menos accidentada y emocionalmente más positivo el regreso a clases como alumno, padre de familia o docente:

  • Aceptar lo realidad como es. Estamos en confinamiento, con nuevos desafíos tecnológicos y educativos, y sentimos el peso del estrés día a día. Variables como las fallas técnicas son cuestiones que le suceden a la gran mayoría en estos momentos, por lo que enojarse y perder el control no traerá la solución. Es necesario que resolvamos las situaciones adversas en un estado de recursos internos, es decir, desde un lugar de aceptación que nos coloque en una mejor postura emocional.
  • Inhalar y exhalar: Es una manera natural de relajación cuando sientas desbordar las emociones. ¿Cuántas veces? Las que necesites hasta sentir que tu corazón palpita a un ritmo sereno. Es recomendable inhalar profundo por la nariz durante 5 segundos y exhalar por la boca durante 5 segundos más al tiempo que en tu mente repites: “inhalo paz, exhalo serenidad”. Después de hacerlo 5 veces experimentarás mayor tranquilidad y lucidez.
  • Practica la paciencia, la empatía y la compasión. Recuerda que en estos momentos casi todos somos vulnerables y, de alguna u otra forma, hemos perdido algo: una costumbre, un hábito, un espacio, una interacción, familiares. Ten compasión de ti y de los demás, recuerda esta frase que puede ayudarte: “Todos hacemos lo mejor que podemos con los recursos (internos y externos) que tenemos”.
  • Prioriza el aprendizaje emocional sobre el aprendizaje académico. Valora qué es más importante: que los niños aprendan conceptos escolares y tengan un desempeño excelente, sin llevarlos a la práctica fuera del contexto escolar, o que aprendan de comprensión, empatía, solución de problemas, manejo de sus propias emociones. La clave está en el ejemplo. Ellos repetirán lo que tú hagas. Si ante la frustración golpeas con fuerza en la mesa, o reconoces tu emoción y te comprometes a transformarla, ellos harán lo mismo. Aprovecha este tiempo para dejarles ver lo mejor de ti.
  • Practica la gratitud. Este hábito te entrena para dejar de prestar atención a lo negativo y poner el foco en lo positivo. Algunas frases de ejemplo son; “Gracias porque tengo internet en mi casa, gracias porque tengo una computadora que puedo prestar a mis hijos para que sigan estudiando, gracias porque seguimos vivos, gracias porque estamos sanos, gracias porque hay comida en nuestra mesa”. Puedes agradecer a Dios, a la vida, al universo. Lo importante es hacer consciente, destacar y verbalizar las oportunidades que tenemos sobre lo que no tenemos. Te sorprenderás de lo mucho que tienes en tu vida.

Ante un nuevo contexto con diversos desafíos y transformaciones en el estilo de vida, lo más importante es la capacidad de adaptarse, de aprender de los retos y generar soluciones, desde el rol que se desempeñe.